
Cada 8 de septiembre, Asturias se detiene. Cierran comercios, se llenan las sidrerías y la Cruz de la Victoria ondea en balcones desde Cangas de Onís hasta Avilés. No es un festivo más: es el día en que esta comunidad autónoma celebra lo que es, lo que fue y lo que quiere seguir siendo.
Pero, ¿por qué justo esa fecha? La respuesta está en una cueva, en una batalla del siglo VIII y en una imagen religiosa que los asturianos llaman, con cariño de nieto, «La Santina». Te contamos todo en este artículo.
La Santina de Covadonga: la patrona que da sentido a la fecha
El 8 de septiembre es la festividad de Nuestra Señora de Covadonga, patrona de Asturias. Su imagen, una talla pequeña de la Virgen con el Niño, descansa en la Santa Cueva, encajada en la roca del monte Auseva. Covadonga no es solo un santuario: es el kilómetro cero de la identidad asturiana. Cuando el Principado tuvo que elegir una fecha para su día oficial, no hubo debate. Esta era la única posible.
Don Pelayo y la batalla que empezó todo
Corría el año 722 (aunque los historiadores discuten la cifra exacta) cuando un noble visigodo llamado Pelayo reunió a un puñado de guerreros en los desfiladeros de Covadonga y plantó cara al ejército musulmán que dominaba la Península.
La victoria fue tan improbable como decisiva: marcó el arranque de lo que los libros de texto llaman la Reconquista, un proceso que se extendería durante casi ocho siglos. Asturias se convirtió en el primer reino cristiano de la Península. Ese origen fundacional sigue pesando en el orgullo local como pocas cosas.
¿Cómo se celebra hoy el Día de Asturias?
Lejos del campo de batalla, el 8 de septiembre de hoy tiene pinta de fiesta grande con sidra en mano. La jornada arranca con una misa solemne en la Basílica de Covadonga, seguida de los actos oficiales: entrega de las Medallas de Asturias y el himno «Asturias, patria querida» sonando con esa emoción que solo entiende quien lo ha vivido.
Desde 1980, cada año un municipio distinto ejerce de anfitrión de la celebración central, lo que convierte la fiesta en una ruta itinerante por toda la región. En los praus (praderas), en las sidrerías y en las plazas de cada pueblo, la gente come, brinda y baila muñeira hasta que el cuerpo aguante.
Un día que cruza fronteras
Lo llamativo es que el Día de Asturias no se queda dentro de las fronteras del Principado. Comunidades de emigrantes asturianos (desde Buenos Aires hasta Nueva York, pasando por media Europa) organizan sus propios actos, con gaita incluida. Es la prueba de que la identidad asturiana viaja bien, como la sidra.
Para quienes están pensando en mudarse a esta región, vivir un 8 de septiembre en Covadonga o en cualquier villa asturiana es la mejor forma de entender por qué la gente de aquí dice «Puxa Asturies» con los ojos brillantes. No es nostalgia. Es raíz.